11 Mar Me convertí en una Scrambler…

¿Cómo hacer para que una motocicleta ordinaria como la Harley-Davidson Sportster 883, la más vendida de la marca de Milwaukee -y que por ende salvó a la compañía de morir-, deje de ser común y corriente, no pase inadvertida como todas las Cargo, Pulsar o FZ que cruzan la ciudad a diario y se convierta finalmente en una moto cool? La respuesta es fácil: quítale esa identidad bobber cualquiera y conviértela en una Scrambler con perfil más alto y personalizada a tu gusto. Al final del día va a incrementar su valor de reventa, el manejo se convertirá en algo más confortable y no va a ser necesario un escape ultra ruidoso para que te volteen a ver.

Justo eso fue lo que le sucedió a esta 883 que tienes frente a ti, de ser una de tantas se convirtió en una Harley fuera de lo común y sobre todo, con buen gusto. No fue necesario pintarla de amarillo metálico con brillitos de su línea Hard Candy Custom, cromarla por completo, cambiarle los rines por unos de 21 pulgadas, ponerle unos escapes cortos que la hacen vibrar más por el ruido ni bocinas… sin ofender al mismísimo Dais Nagao, diseñador y estilista de la marca pero casi siempre que se piensa en una Harley-Davidson vienen a la mente sus grandes motos, con sus enormes Big Twin, repletas de extras y cromadas a más no poder.

 

Scrambler Vs. harley

 

Remontémonos al origen de todo. Un día su dueño, piloto de aviones comerciales, cansado de ser uno más que trae la clásica Sportster Super Low igual a las otras miles que hay en el país, decidió hacerle un Extreme Makeover y convertirla en una motocicleta única, con más charm para que me entiendan. Por ello acudió al taller de nuestro amigo Rodrigo Calvillo, RC Motogarage, quien también modificó mi Kawasaki KH-125 de 1992 y cuya nota en Motorette.mx te dejamos aquí. Pero siguiendo con la línea de tiempo de esta historia, el dueño de la Sportster le pidió a Rodrigo que quería que su moto fuera diferente y por ende, comenzó la búsqueda de conceptos en Pinterest, Instagram, Flickr y hasta en Youporn, aunque ahí lo que menos encontraron fueron motocicletas. Finalmente, después de varias propuestas sobre la mesa, el concepto Scrambler fue la elección y los mecánicos de Rodrigo así como su papá se aventuraron en este difícil proyecto.

Pero, ¿por qué difícil si al final del día era una motocicleta? Pues porque convertir una bobber en una Scrambler representa modificar cuadro, suspensión, tanque de gasolina, asiento, escapes, soportes, etc. Es decir, es como si un departamento lo quieres convertir en una casa de dos pisos. Lo primero que hicieron fue elegir el tanque de gasolina, que de ser un pequeño huevo de 17 litros pasó a uno de 22 de una Honda Super Sport modelo 1978. La perspectiva de la moto cambió radicalmente y fue aquí cuando esa típica esencia norteamericana desapareció y se inclinó a una europea. Después llegó el reto de la suspensión trasera que incluyó unos amortiguadores Progressive de 14.25 pulgadas, logrando elevar la altura del cuadro y por supuesto, dándole otro perfil con más categoría. Para esto ya llevamos cerca de tres semanas en la modificación, así que no es tan fácil como lo cuento.

Según Rodrigo, la fabricación del subcuadro fue cambiando poco a poco debido a las líneas que buscaban hasta que dieron en el punto final. Llegó el momento clave de todo, los escapes clásicos de una Scrambler, un trabajo épico para lograr todas las curvas sin afectar algún aspecto mecánico. Luego se pintaron con cerámica y cubrieron de asbesto para soportar la temperatura. Después siguieron con los soportes y bases fabricados para sujetar los escapes, salpicadera trasera y luz de freno. Detalles que parecen pequeños pero significan mucho tiempo. Y ya finalmente surgieron los accesorios de glamour como el asiento tapizado en piel, creado desde cero con madera y fibra de vidrio; los puños y la tapa del tanque de gasolina, también forrados con la misma piel. A nuestro gusto sólo le haría falta cambiar los rines por unos de rayos pero eso depende de su dueño.

Scrambler Vs. harley

 

Cabe mencionar que cuando hicimos estas fotos, otro buen amigo estaba probando la Iron 883 negra que aparece en las fotografías y que vamos a denominar Frankenstein por todo el equipo extra que vestía, cuyo valor excede los 150 mil pesos pero que definitivamente, no la aleja de ser una Sportster común y corriente. Como dicen: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Con las modificaciones que se le hicieron a la nueva Scrambler y que rondan los 55 mil pesos, su dueño tiene una motocicleta única, hecha a su medida, con un manejo más cómodo y que los propietarios de una Harley convencional voltean a ver sorprendidos y sí, con ojos de envidia. Por eso aplaudimos a entusiastas creativos como Rodrigo y su equipo que deciden salvar motocicletas destinadas a quedar en el olvido como la Harley-Davidson Sportster 883.

RC Motogarage

Fotos José Luis Ruíz

 

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