20 Jun BMW F 800 GS y Yamaha FJ-09 en el viaje de los 2,500km…

O de cómo el espíritu motero puede ir más allá de las marcas y estratos sociales; lo que importa es el viaje.

 

Antes de comenzar debo puntualizar que no es una comparativa entre estas dos motocicletas, ya que no tienen nada que ver en cuanto a segmento. En el caso de la Yamaha FJ-09 se podría catalogar como de turismo deportivo y la BMW F 800 GS, nos hace saber que está destinada a la aventura y la tierra. Listo, ahora sí.

Comienza la aventura

México es una gigantesca mezcla de escenarios que pueden cambiar kilómetro a kilómetro. Por ello, elegir un destino puede resultar complicado, ya que incluso al tener la certeza de dónde ir, siempre se nos escaparán rincones llenos de colores y sabores. Pero la idea era llevar a cabo un viaje largo y luego de planearlo durante un par de meses, decidimos ir a San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, partiendo desde la Ciudad de México. Un recorrido de aproximadamente 900km.

Para realizar este viaje contemplamos diferentes tipos de motocicletas, desde una crucero hasta doble propósito de alta cilindrada y en la locura del momento, ¿por qué no? una deportiva. Al final la mezcla fue un tanto extraña, primero con una turismo deportivo de 900cc que llevaría mi compañero de viaje, la Yamaha FJ-09  y una de aventura, la BMW F 800 GS que me tocaría disfrutar. Cabe mencionar que ambas ya las manejamos en Motorette.mx

Ya con el transporte asegurado teníamos que fijar una velocidad promedio que no se daría vía velocímetro, sino del tacómetro, cuidando las revoluciones para mantener un bajo consumo de combustible sin sacrificar velocidad. El viaje sería solo de cuatro días saliendo un jueves, la hora en el punto de partida era a las seis de la mañana pero debo confesar que no me levanté temprano y llegué media hora tarde. Aquí se dieron los últimos ajustes del equipaje, ya que extrañamente no tuvimos portaequipajes en las motos y recurrimos a la vieja técnica de amarrarlas con redes. Y así comenzó el viaje, primero soportando un frío intenso pero con la mentalidad totalmente puesta en el trayecto y en todo lo que vendría kilómetros adelante.

 

 

La fría ascensión hacia Rio Frio de Juárez puso a temblar las piernas y entumió los puños, pero esto era algo que se debía soportar por un momento, ya que sabíamos que la tónica del viaje sería calor inclemente. En este trayecto vimos el amanecer y los tonos rojizos del sol aparecieron casi en Puebla; el frío seguía pero aquí comenzaría el momento de la catarsis, algo que se logra en las motos. Gracias a este momento de soledad pensamos en los problemas y encontramos soluciones a todo, para luego comenzar a disfrutar cada kilómetro del camino.

El camino continuó, la BMW F 800 GS resultó ser muy cómoda y gracias al recorrido de la suspensión, todas las imperfecciones del camino desaparecían, sobre todo en la zona de Puebla con sus interminables obras viales. La respuesta del acelerador no era precisamente contundente pero se entiende por la configuración y el motor de 798cc que desarrolla 85hp y un par motor de 83Nm. Además, cuenta con la capacidad de regular los amortiguadores, mismos que en esta primera parte del camino estuvieron en el modo ROAD es decir, el punto intermedio.

 

Un trayecto caluroso

Llegamos a la zona de las Cumbres de Maltrata, un bloque carretero espectacular y lleno de curvas; un escenario adornado de vegetación, puentes, túneles y que por lo regular está lleno de camiones y niebla, pero por la hora en que transitamos no encontramos nada de eso, dejando que todo fluyera en cada curva y que los controles de tracción nos llevaran sobre rieles. Seguimos unos minutos más hasta la salida a Minatitlán, una carretera en parte ya conocida pero era el bloque que menos nos emocionaba, ya que era una recta sumamente aburrida que prácticamente llega hasta Coatzacoalcos. Además, éste fue el trayecto más caluroso de todo el viaje; si bien no les puedo dar una temperatura en concreto, les puedo decir que al tratar de refrescarnos levantando la visera del casco, se sentía el aire caliente entrar a nuestra garganta, algo muy incomodo y agotador.

Desde este punto, el escenario cambió con una combinación de extensiones verdes con industria y obras de ingeniería impactantes, largas extensiones de puentes como el del Rio Grijalva, Malpaso, Puente Chiapas entre otros. Aquí pudimos compartir las primeras impresiones de manejo de la Yamaha FJ-09, que pertenece a la nueva familia de las naked FZ (MT en otros mercados). Esta moto para viaje cuenta con un motor de tres cilindros con 847cc, que desarrolla 113hp y un par motor de 87.5Nm. Gracias a esto, la respuesta es más contundente en aceleración, además de ofrecer tres modos de manejo con diferencias muy marcadas. El primero de ellos es el Normal, donde todo se encuentra en el régimen intermedio y fue útil para el viaje y bajo consumo. En el modo A las cosas se vuelven extremas al reducir el control de tracción y liberar todos los caballos, mientras que en el modo B se privilegia el par motor para las eventuales salidas a terracería. Cabe destacar que en ambas motos tomamos el ritmo de las 5.000 revoluciones, lo cual en velocidad se traducía a un rango entre 130 y 140km/hr, dejando el consumo muy similar entre ambos modelos.

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Por fin, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas está a la vista, y ahí teníamos que hacer una escala obligada: el Cañón del Sumidero. Una obra de la naturaleza que con el solo hecho de contemplarla nos hace sentir pequeños por la magnitud del lugar. Hace unos años tuve la oportunidad de recorrer el lugar en bote  y ahora por un sinuoso y muy divertido tramo que ofrece 11 miradores para el turismo. Aquí el calor era realmente elevado y húmedo pero hasta cierto punto, agradable a comparación con el de Coatzacoalcos.

Los últimos 60 kilómetros de ese primer día estaban por culminar, el cansancio era grande pero era mayor el gusto por ese logro y de llegar con bien a San Cristóbal de las Casas, un pueblo mágico lleno de contrastes y con una amalgama de habitantes muy extraña: extranjeros vacacionando y radicando, un movimiento hippie muy marcado, locales y visitantes de otros pueblos que iban a vender artesanías. Lo más importante era el respeto entre todas las personas e incluso en las vialidades, algo a lo que en las grandes ciudades ya no estamos acostumbrados.

Nos instalamos en un hotel muy cercano al centro del poblado y salimos a caminar al andador turístico -Andador de Guadalupe- que estaba cerrado al paso de vehículos. Aquí la gastronomía es común y podemos encontrar desde tapas españolas hasta un costoso corte de carne, pasando por botana para acompañar una bebida (o varias).

 

El segundo día sería una prueba realmente dura para el físico y las motocicletas, particularmente para la Yamaha FJ-09. La ruta sería rumbo a las Cascadas de Agua Azul y posteriormente a las ruinas de Palenque, siendo éste el punto más alejado -tan solo 220km-, pero había dos problemas: el primero, una carretera muy sinuosa y lo segundo, una serie de infames topes que debo decirles, nos hicieron odiar el tramo. Salimos temprano del hotel y en una localidad llamada Huixtán decidimos detenernos a comer en un pintoresco restaurante, comida típica con ingredientes frescos de campo que le daban un sabor exquisito.

Pasamos por Ocosingo y el camino parecía eterno hasta que por fin encontramos la desviación hacia Agua Azul. Aquí nos encontramos con algo molesto, y es que debido a las diferencias entre los pueblos vecinos se cobra dos veces para entrar a la zona de las cascadas. Ya adentro te sacan dinero casi hasta por respirar. Agua Azul es un lugar mágico y poderoso, con un cauce de agua realmente potente y con puntos donde los turistas pueden entrar a nadar.

En Agua Azul nos encontramos a otro viajero de Corea que rodaba en una Land Rover Discovery llena de calcomanías de los lugares donde había estado. Luego de refrescarnos y tomar muchos líquidos seguimos hacia Palenque; aquí nos encontramos con un efecto que ya me habían advertido, y es que cuando llueve la carretera se pone realmente resbalosa por la savia de los arboles al caer a la carretera. En esta parte los sistemas de control de tracción de las motos fueron rebasados y aún con toda la tecnología se bloqueaban y perdían adherencia de forma peligrosa en curvas. Por ello la velocidad se redujo y se extremaron las precauciones.

Las ruinas de Palenque son un pedazo de la historia de México, lleno de poder en cada piedra y con puntos energéticos para bien… y para mal. La estadía en este punto fue reducida, ya que llegamos tarde y era hora de cerrar. Durante el regreso, la noche nos alcanzó en la zona montañosa y el frío insoportable apareció; cabe mencionar que este viento frío también nos llenaba de fuerza; era como hacer limpieza a un nivel muy profundo de nuestro ser. Los topes volvieron a ser una pesadilla, más para la Yamaha porque no es tan alta y en algunos casos la parte baja golpeaba, mientras que la BMW se encontraba en su elemento.

 

El regreso fue un tanto agónico por el cansancio y al llegar de nuevo a San Cristóbal de las Casas, el tráfico era pesado. Aquí los 214kg y altura del asiento de la BMW jugaron en mi contra (mido 1.76 y solo apoyo las puntas de los pies en posición normal), las piernas y manos se acalambraban, y cada movimiento para meter clutch y velocidad era una tortura. En cambio, la Yamaha con casi 210 kg y altura del asiento en 845mm era más llevadera en tránsito lento.

El cansancio era grande pero más las ganas de salir y comer. Así que después de una ducha caliente fuimos a comer a un punto un tanto escondido, con un menú extrañamente atractivo: quesadillas (tortilla con queso) e ingredientes a escoger, desde cosas normales como papas hasta guisos de pollo con piña o para los paladares aventureros, hormiga Chicatana, una variedad de insecto que puede medir hasta 2.5cm y un gusto de sabor a carne de cerdo. Antes de esto tomamos algo caliente para aclimatarnos, atole de zarzamora, muy hipster pero así es San Cristóbal en algunas zonas.

El tercer día sería de descanso, luego de dos días maratónicos. Después de desayunar en el mercado (donde casi siempre se come lo mejor y más auténtico), fuimos a unas grutas enmarcadas en una zona boscosa, donde la combinación de escenarios era increíble. El lugar se llama Pueblo Nuevo y en las grutas nos sorprendió la arquitectura caprichosa de la naturaleza, que ha formado durante miles de años, piedras que parecieran respirar y con formas de rostros humanos. Sin duda un lugar inquietante y mágico.

Por último visitamos un poblado cercano llamado San Juan Chamula, un lugar de demasiados contrastes sociales, así como un arraigo muy marcado de los usos y costumbres, como la prohibición no escrita de tomarles fotos a las personas, salvo una señora que nos dejó hacerlo con el escenario de la iglesia del lugar. Debo confesarles que aquí conocimos una bebida llamada Pox, que es un destilado de caña, maíz y trigo y que tiene ciertos atributos místicos. Esta bebida artesanal puede encontrarse en muchos lugares de esta zona y siempre variará en sabor y grados de alcohol. Toda una experiencia que llevamos de regreso en envases plásticos como recuerdo.

Este día lo aprovechamos para encontrar lugares dónde tomar fotos y recuerdos de las motos, y vaya que los hay en las serpenteantes e inclinadas calles de San Cristobal. Para cerrar el día un buen mojito nos ayudaba a olvidar el cansancio, mientras la tarde fresca nos permitía ver a todas las personas (y personajes) que ahí transitaban. Los pies pesados nos llevaban al hotel, el cuerpo ya no resistía pero el aroma de chocolate y un muestrario de panes nos detuvieron para degustar un chocolate y pan de almendra, sabores exquisitos que no podemos describir.

Tres días en moto ya habían causado estragos físicos; los brazos, cuello y espalda baja pedían una semana de descanso. Aquí hubieran ayudado un par de asientos más acolchonados, ya que en ambos casos son duros e incluso con pocos kilómetros llegan a ser muy molestos.

 

El regreso

Comenzó el nostálgico viaje de vuelta a casa, nuevamente soportar un calor inclemente, luego frío y niebla en Cumbres de Maltrata; posteriormente una lluvia que no dejaba ver nada y que nos obligó a detenernos. Ahí nos encontramos con otro motociclista que nos hizo ver como amateurs, ya que él también venía de un viaje largo, puntualmente de Cancún es decir, casi mil kilómetros más que nosotros y se dirigía a Querétaro, a unos 300km de la Ciudad de México. El regreso fue relativamente más rápido pero solo por percepción, ya que fue el mismo recorrido aunque al pasar por Puebla, las zonas de obras fueron un martirio y claro, al llegar a la ciudad regresamos a la realidad con automovilistas manejando sin cuidado.

Fue un viaje largo y agotador que sin problemas volvería a hacer, las motos respondieron de manera excelente pero creo que la mejor de las dos por practicidad, consumo, respuesta y comodidad fue la Yamaha FJ-09 aunque como sabemos, la BMW F 800 GS es apta para todo terreno. Al final de estos 2,477km el recuento fue: 10 paradas en la gasolinera, con un costo total de alrededor de 1,600 pesos, un aproximado de mil pesos de casetas para ambas motos y un hospedaje por tres noches de 1,700 pesos (aunque San Cristóbal ofrece hospedaje en hostales mucho más baratos).

Dicen que los viajes ilustran y vaya que es cierto. En cada kilómetro se aprende algo nuevo y escaparnos de la monotonía para conocer nuestro bello México es una inversión que vale cada centavo que sale de nuestro bolsillo.

 

Por Ricardo Silverio/NivelC.com

 

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