22 Nov Royal Enfield Himalayan: la correcta evolución

Finalmente tuvimos acceso a una de las motos que más va con nuestro estilo y que representa una revolución y evolución para una marca icónica: la Royal Enfield Himalayan. Y es que escribir de estas motos nos obliga a contar brevemente sus raíces, que como en las grandes empresas comenzaron haciendo cuestiones distintas.

Con esto nos remontamos hasta 1890, donde existía la empresa Enfield, que se dedicaba a crear componentes metálicos como agujas para máquinas de coser; posteriormente suministraron partes de precisión para armas de fuego a la Royal Small Arms Factory, y sí, cómo lo pueden adivinar de ahí se conjuntó el nombre. Ya con mayor experiencia en maquinados metálicos y experiencia en chasises de bicicletas decidieron comenzar con su línea de motos de manera oficial en 1901 en Redditch, Worcestershire.

La primera moto fue la Royal Enfield Bullet, que de paso es la moto “viviente” más longeva del mercado al comercializarse en el presente. Los años continuaron con bonanza y crisis, Guerras Mundiales, durante el crecimiento de la marca se abrió paralelamente una fábrica en Chennai, India en 1955, donde se mantuvieron los conceptos de diseño, pero se integró una nueva faceta, la durabilidad y robustez de los componentes para el mercado indio, algo que se demostró cuando la Bullet 350cc se convirtió en el modelo para las fuerzas armadas del país.

En 1967, la marca sufrió un duro golpe que parecía el fin de todo, ya que la planta inglesa cerraba sus puertas definitivamente, pero la operación en la India era excelente, por lo que se apostó por seguir adelante, algo que les marcó un paso al frente con respecto a la competencia que hoy en día tiene producción en aquel país. Royal Enfield ha evolucionado de manera pausada, sin prisa, construyendo sus motos a un menor ritmo, hechas para resistir, para ser unos auténticos tanques de batalla y de paso subir al Himalaya, y si bien la gama normal podría ser suficiente, se necesitaba algo más.

 

La Himalayan

Con una gama de corte crucero y citadino, la Royal Enfield Himalayan marcó un parteaguas dentro de la marca. Es una moto doble propósito con toda la experiencia de durabilidad y rudeza que habían desarrollado en más de 100 años; el primer resultado llegó a fines del 2014 con un prototipo que gustó y fue mejorado para el 2015. Ya en el 2016, luego de la presentación oficial, la Himalayan comenzó a repartirse a los mercados mundiales con buena aceptación. ¿Pero qué hace especial a esta motocicleta?

No creo, estoy seguro que el encanto de la Royal Enfield Himalayan está en el diseño casi hecho a mano, en las formas rudas y robustas, en un sabor de moto de antaño, cuando la electrónica no te hacía mejor piloto como en el presente, metal puro y duro que era dominado por el piloto.

El apartado mecánico, como en el resto de las Royal Enfield, está privilegiado por la vista del motor y largos escapes, mientras que el resto de los elementos está dominado por el uso del metal, como en el tanque de combustible, salpicaderas, protección trasera y esos caprichosos tubos que se encuentran a los lados del tanque que también sirven para montar elementos, por ejemplo una garrafa para combustible y así alargar los viajes de aventura.

Sin dudas, uno de los mejores elementos de esta moto es el asiento, que a primera impresión pareciera genérico, pero resulta que está relleno de gel, tanto para el conductor como el pasajero, por lo que la comodidad es tal que de hecho me encantaría que la silla de mi oficina fuera igual. Al frente contamos con un faro circular coronado por un breve parabrisas que corta el aire a velocidad de buena manera. El tablero de instrumentos tiene un diseño retro que encanta, y no por ello tiene carencias de información ya que tenemos un gran velocímetro con una pantalla con datos del viaje, un reloj más para el tacómetro y dos indicadores para la gasolina y de paso una brújula, además claro de los indicadores lumínicos al centro de todo.

 

¿Y qué se siente manejar 100 años de desarrollo en terrenos complicados?

Al subirme a la Royal Enfield Himalayan me hizo sentir en una doble propósito de media cilindrada, por la altura y posición de manejo que resulta ser muy natural, aunada a una forma muy esbelta. El manubrio pareciera ser muy ancho pero eso al final sirve para dos cosas: hacer mayor palanca en manejo en tierra y por otra parte, en caso de una caída, los contrapesos laterales tocarán primero el piso por lo que el tanque, motor e incluso los espejos no sufrirán tanto daño. Llave adentro, giro y botón de encendido, el sonido no pareciera ser de una moto con 411cc, suena a más y se acentúa al acelerar, el motor de un solo cilindro hace sentir un poco de vibración, pero no se preocupen, no es como las de Milwaukee…

En el apartado mecánico las cosas son simples y sencillas, el motor de un solo cilindro enfriado por aire y carburado de 411cc desarrolla unos 24.5hp y un par motor de 32Nm, acoplado a una caja de cambios de 5 velocidades y transmisión de potencia al eje trasero mediante cadena. Estos números son para mover la unidad de 191kg en orden de marcha.

En este punto creo que el motor podía ser mejor aprovechado, por ejemplo la nueva BMW G 310 R es de 310cc y ofrece 34hp, y si bien la Himalayan gana en torque (BMW 28Nm) me deja la sensación que esos 100cc no están bien desarrollados. Aunque históricamente Royal Enfield siempre se ha caracterizado en crear motores con más torque que potencia, algo que también es la naturaleza de una doble propósito.

 

Ya adentrándonos en el tema del manejo, comenzar a rodar en la Royal Enfield Himalayan nos hace transportarnos a otra época, aquella dónde los muscle cars carburados reinaban la tierra y los usuarios podían ajustarlo y repararlo, haciendo que esa máquina se volviera parte de uno. De entrada déjenme decirles que la comodidad del asiento es impresionante, se antoja viajar durante horas. El tamaño de la moto permite circular en espacios pequeños y tener una maniobrabilidad además de muy buena, muy sencilla, aunque el peso se siente más de la parte media hacia arriba.

La caja de cambios es corta (excepto la quinta) por lo que tiene una aceleración apta con un buen torque en la parte baja de las revoluciones, algo que caracteriza a este tipo de motos. La altura y la suspensión hacen que esta Himalayan sea anti baches y topes de las ciudades y el trabajo de amortiguación tiene un excelente desempeño mientras brinda confort por una puesta a punto suave; los frenos hacen bien su trabajo en ciudad para donde está mayormente orientada, aunque las capacidades de doble propósito te obligarán a salir del camino donde el manejo seguirá siendo sencillo.

En cuanto a la suspensión, ofrece al frente una horquilla telescópica con un recorrido de 200mm y la trasera es de monoshock de 180mm. Esto, aunado a la altura del piso al motor de 220mm, crea mucha confianza para pasar por caminos con piedras (además de la protección inferior del motor). Sin embargo existe un “pero”, y es que dicha suspensión tiene una puesta a punto suave, que incluso con el peso del piloto baja sensiblemente, aunque para un uso cotidiano nos hace olvidar topes, baches y esas pruebas extremas que tienen las vialidades en una ciudad grande.

Por su precio (en el rango de los 90 mil pesos mexicanos), bien puede ser tu primera moto de doble propósito si es que buscas algo distinto, retro y alejado de tanta tecnología, aunque debo ser puntual en el hecho que puede mejorar en algunos aspectos, como brindar una suspensión más firme e incrementar el tamaño de los frenos (balatas), ya que tienden a fatigarse en uso dinámico. La respuesta de la moto es buena pero se podría exprimir un poco más ese motor de 411cc, tanto en caballos como torque. Este fue nuestro primer contacto con esta singular Royal Enfield Himalayan que nos pide a gritos un viaje largo con maletas, casa de campaña y ganas de olvidarse del mundo.

Por Ricardo Silverio

Fotos: José Luis Ruiz

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