10 Apr Indian Springfield 2018: una experiencia Premium

Imaginen poder comprar un producto, algo caro que te de estatus, sería bueno que esa inversión siguiera dándote alegrías durante mucho tiempo y no fuera solo algo de moda. Que la marca se ocupe de nosotros luego de hacer la inversión, con algo concreto y no solo un papel, distinción o una “plaquita” numerada.

Algunas marcas de autos Premium realizan para sus clientes días de pruebas en pistas, o estadías en hoteles, pero por lo regular en motos de no es muy frecuente que haya beneficios reales. En el caso de Indian como marca Premium se puede medir con cualquiera en “un mar de motos multimarca”.

Motorette fue uno de los pocos medios que estuvo presente con Indian en la edición 23 de la Semana de la Motocicleta Mazatlán, una concentración masiva de motocicletas en un lugar paradisiaco que es sinónimo de diversión. Tal vez uno de los puntos más meritorios de este evento es la lejanía de la sede, lo que significa un viaje largo para mucha gente, por lo que de las poco más de 20 mil motos que se hacen presentes son en su mayoría de alta cilindrada.

Para este viaje me tocó la Indian Springfield, algo que realmente agradecí ya que este modelo cuenta con un inmenso parabrisas que cubre la incidencia del viento en mis 1.76 mts de altura. Por otra parte este modelo está muy enfocado a la comodidad en la marcha, con un manubrio de altura intermedia que no se hace cansado, posapies y mandos bajo del motor que brindan una posición natural de sentado y, claro, el inmenso asiento que no le pide nada a un sillón.

En cuanto al apartado mecánico, la Indian Springfield comparte el bloque Thunder Stroke 111 del resto de la gama, más que suficiente para tener una aceleración y recuperación de velocidad contundente. Este motor es un 1,811 cc de 161.6 Nm de par motor y un caballaje en el rango de los 100 HP.


El viaje

El recorrido comenzó en la siempre conflictiva Ciudad de México, ya que tenía que estar a las 10:00 AM en el distribuidor de Indian en Toluca, así que mi salida coincidía con la entrada de las personas a las oficinas. Obviamente no podía pasar fácilmente entre los autos, primero porque tenía las protecciones delanteras contra caída y las maletas, mismas que iban llenas y se sumaban a los 386 kg en orden de marcha de la Indian Springfield. No, no es nada ligera, pero es relativamente sencilla de manejar gracias al bajo centro de gravedad, una característica común a toda la gama Indian.

Por fin carretera y un ritmo más holgado. En este punto puedo sentir todo el poder del motor al acelerar y sentir como en quinta sigue empujando y, si requería hacer un rebase, bastaba con bajar a cuarta para de paso escuchar un sonido potente, pero sin ser molesto. En cuanto a la frenada la Indian Springfield tiene la suspensión de horquilla convencional, esto la hace realmente cómoda y filtra muy bien el camino, pero a la hora de una frenada de pánico se siente un poco de movimiento en el eje trasero al “clavarse” mucho al frente, aunque no es algo que sea un problema y se puede controlar.  Esto no se siente en el resto de la gama, que lleva horquilla invertida, pero insisto, esta moto está enfocada al confort.

El viaje a Mazatlán desde la Ciudad de México es de unos 1,060 km, pero estos los realizaríamos en dos partes, ya que el primer día llegaríamos a Guadalajara, por lo que el trayecto eran dos recorridos casi iguales. El viaje a Guadalajara lo realicé con toda la calma del mundo, tenía tiempo por lo que tomé la autopista y disfruté los escenarios, algo nunca mejor dicho, ya que el parabrisas gigante realmente sirve y solo sentí algo de vibración al llegar a los 190 km/h (el tope de la moto marca 200 km/h). De hecho, experimentando en el camino, por momentos me erguía para ver qué tanto empujaba el viento y solo les puedo decir que agradecí más de una vez que la Indian Springfield llevara un parabrisas tan amplio, el cual  me dio la oportunidad de viajar tranquilo mientras disfrutaba del paisaje sin un ruido ensordecedor.

Un punto que nunca me ha gustado en cualquier moto es el uso exagerado del cromo; quizá fue muy popular hace unos 20 años, pero hoy ya no es tan bueno para las nuevas generaciones y además tiene un gran problema: te refleja el sol directo a la cara en ciertos ángulos, por lo que tienes que tener la mirada ligeramente alzada. Esto tal vez es un capricho mío, pero no me hace nada feliz.

Una noche en Guadalajara frente al estadio de las Chivas marcó la mitad del viaje, pero el segundo día pintaba mejor ya que me encontraría con una zona de curvas muy interesante en la zona de Tepic. En este punto agradecí la suave suspensión ya que el asfalto estaba por momentos ondulado, mientras que veía a mis colegas saltando sobre la Roadmaster y Chieftain Dark horse. La zona de curvas comenzó, con pasos rápidos y algunas que se tenían que tomar en segunda. Si bien la Indian Springfield no es ni por mucho una deportiva, sí puede inclinarse bastante sin raspar y al salir de la curva solo basta acelerar para retomar la velocidad rápidamente.

Seguramente se preguntarán ¿qué tal el consumo de combustible? Este resulta bueno a secas, ya que tenemos que considerar el peso y la carga. El tanque es de 20.8 litros y me dio un rendimiento de alrededor de 300 km por tanque a un ritmo de 130 km/h. Un punto que no me gustó mucho es que el rango de combustible marcaba por ejemplo 110 km y de repente ¡¡¡PUM!!!, alerta de combustible bajo y veías el rango disminuir, y créanme que lo sufrí para llegar a Guadalajara, donde tuve que reducir el ritmo.

Otra cosa que me llamó la atención fue el control de crucero, y es que siendo sincero jamás lo había usado en una moto, lo puse en 120 km/hr y en las largas rectas me daba el lujo de soltar el manubrio y la moto me llevaba y saltó a mi mente una idea de las tecnologías que vienen, por ejemplo Honda, BMW o Yamaha que están estudiando la conducción autónoma, ¿en serio? ¿Quién quiere una moto que se maneje sola? ¡Es un sin sentido! ¡Una locura! ¡No lo hagan!… perdón, me ofusqué.

La experiencia Premium

Por fin Mazatlán, donde esperaba un calor inclemente, pero extrañamente no fue así, de hecho en las noches hacía frío y amanecía con bruma fresca, algo que agradecimos muchos. Un baño en el hotel y luego rumbo al punto de reunión de la Semana de la Motocicleta Mazatlán, donde había un escenario gigantesco de primer nivel rodeado por una zona comercial, pero sin dudas lo que dominaba a la vista -como el año pasado- era el stand de Indian de casi 40 m de largo por 20 de ancho con dos pisos, siendo la parte baja un piso de exhibición y arriba el espacio para el IMRG (Indian Motorcycle Riders Group). Si no tenías una Indian, te daban chance de entrar, solo tenías pagar un “cover” de 204,900 pesos y te daban una Scout Sixty de regalo. Esto era una manera creativa de decirle a las personas que a este espacio solo podían acceder los clientes de la marca, donde podían refrescarse con unas cuantas bebidas (espirituosas, si querían).

Por si fuera poco, mientras los clientes subían, la moto se quedaba resguardada con vigilancia y le daban una limpiadita para quitar el genocidio de mosquitos con el que siempre llegamos luego de rodar en la carretera. También si había alguna cuestión mecánica ligera se podía reparar. Si en este festejo algún cliente se pasaba de tragos, la moto se podía quedar custodiada mientras el cliente se iba a su hotel en taxi o “pulmonía”, que son las que reinan el malecón.

El ambiente

La fiesta de Mazatlán reúne a casi todos los segmentos de motos de alta cilindrada: doble propósito, deportivas, crucero y naked se hacen presentes en un caleidoscopio de gustos que se funden con el escándalo de la música de banda y, claro, los conciertos que ofrece el evento, que combinan géneros y pusieron a cantar a la banda motera con el rock de El Tri de Alex Lora o a pulir el piso con los Ángeles Azules. Por un rato no existen distinciones sociales o de motos, solo se trata de divertirse… aunque si quieres algo con un toque Premium, no olvide adquirir una Indian para tener una experiencia superior.

Texto y fotos: Ricardo Silverio

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