18 Apr Suzuki V-Strom 1000 XT, un verdadero viaje doble propósito

En Motorette tratamos de llevarles no solo una simple prueba de manejo, sino una historia, una experiencia de uso real de las motos que nos toca manejar. En todos lados podemos leer las fichas técnicas y lo que la marca dice, pero una moto se tiene que vivir y sentir, de lo contrario solo será un objeto a fotografiar. En esta ocasión, hablaremos de la Suzuki V-Strom 1000 XT.

Se trata de una doble propósito que por cilindrada solo tiene como rival directa a la Honda Africa Twin, misma que tiene un poco menos de potencia y par, pero un enfoque más duro y deportivo. La de Suzuki apuesta por la comodidad y versatilidad, por ello quería enfrentarla a algo distinto, a los caminos del Rally México, en la tercera fecha del World Rally Championship 2018.

Para este recorrido, tendría que escapar de la ciudad, un viaje de casi 400 km y luego cuatro días de tramos cronometrados y enlaces en Guanajuato y Silao. Por ello la necesidad de una moto cómoda para un viaje largo y competente para la terracería, así que la Suzuki V-Strom 1000 XT fue la opción.

Esta moto, como muchas otras del segmento, cuenta con mucha historia. Simplemente basta recordar a la Suzuki DR-Z de los 90´s y las motos que participaron en el Rally Dakar, la DR Big DR750 y la DR751 SR43, (motos de las que se toma el diseño actual, dicho sea de paso). Esta renovada moto nos presume un motor de refrigeración líquida de dos cilindros en V a 90°, que desarrolla 100 hp y un par motor de 76 lb-pie a 4 mil revoluciones. La caja de cambios cuenta con seis velocidades algo largas, lo cual ayuda a un menor consumo de combustible.


El viaje doble propósito

La fase doble propósito creo que nunca había tenido tanto sentido para mí en todos mis años de subirme a motos, y es que pude ver a mis viejos conocidos del mundo de las carreras, aquellos que fueron mis maestros cuando iniciaba en el medio.

La cita era en León, Guanajuato pero en la tarde, así que no tuve que salir de madrugada. Llevaba las maletas laterales llenas -que no son muy ergonómicas con su caprichosa forma redondeada-, y en el asiento trasero iba mi mochila amarrada con la red. Aun con todo este peso la altura del asiento (850 mm) apenas disminuyó, por lo que seguía recargado con las puntas de los pies, sin ser algo extremo. Mover la Suzuki V-Strom 1000 XT con sus 232 kg en orden de marcha, resultaba ser realmente sencillo; además, el diseño esbelto te hace olvidar fácilmente que andas en una mil.

Mi tardía salida me cobró factura con un tránsito pesado y una carretera llena de camiones incluso antes de la primera caseta de cobro, pero gracias a la movilidad de la Suzuki V-Strom 1000 XT podía rebasar y seguir adelante. Recuerdo que en este punto llené el tanque y emprendí el recorrido a una velocidad de no mayor a los 130 km/h, cuidando las revoluciones del motor para ver cuánto consumía de combustible. Como comparativa tuve la BMW R 1200 GS del año pasado, que me hizo parar dos veces, y hace tres años a la Yamaha Ténéré 660, que con un tanque llegué a León.

El viaje no tuvo contratiempos, la Suzuki V-Strom 1000 XT es cómoda desde la posición de manejo hasta la aerodinámica del parabrisas de tres posiciones manuales, obvio al ser alta y delgada los golpes de aire se sienten y mucho. Curvas a velocidad, rebases, aceleración, pendientes y descensos no representaron ningún problema, y casi llegué a León con un solo tanque, muy similar a la Tenere 660, algo bueno para una moto con bastante más motor y peso.

Por fin en León, de ahí a recoger mi acreditación, misma que me permite ingresar a los tramos cronometrados una hora y 20 minutos antes de que pasen los autos mundialistas. Y aquí es donde para mi comienza realmente el viaje, en el denominado Shakedown, ya que me permite sentir la moto en tierra, y me doy cuenta que me costará trabajo sortear los caminos con llantas lisas, pero eso también ayuda a ser mejor conductor al mejorar la sensibilidad en el manejo.

El jueves por la noche se llevó a pintoresca arrancada en los callejones de Guanajuato, y aquí tuve un tremendo problema con mi equipo fotográfico que decidió no trabajar nunca más. Obviamente estaba mortificado, pero también salió de nuevo aquel espíritu solidario de los medios de automovilismo deportivo, ya que en ese momento un total desconocido amigo de un colega escuchó mi problemática y me prestó una cámara y lente, ya que él iba probando una nueva cámara. Esto sencillamente me hizo sonreír y darme un golpe de humildad, esa que muchos medios han perdido y se jactan de saber. Ya con una nueva herramienta de trabajo pude capturar muchos momentos del rally; esos locos que van a más de 130 km/h en terracería y toman las curvas deslizándose, dejando una nube de polvo.

Es impresionante el sentir del auto pasar a unos metros de ti, la velocidad, la “empolvada” que te dejan y sí, unas sendas pedradas que te avientan y tienes que aguantar como macho (o hembra poderosa, para las amigas fotógrafas que también estaban). Esto es el rally, una competencia que me encanta y que en México sólo puede vivirse ahí en los caminos de Guanajuato, donde “se apuesta la vida y se respeta al que gana”.

Para llegar a todos los tramos me tocaba carretera, caminos rurales, y mucho polvo. El viernes me tocó nuevamente ir al tramo de “Guanajuato”, uno que era el más largo de todo el mundial con poco más de 80 km, pero que ahora mide poco menos de la mitad. Esto debido a que en 2016 los autos destruyeron sus llantas. Para mi beneficio, yo si pude rodarlo todo, y fue un recorrido realmente técnico donde las llantas con poca adherencia me obligaron a un manejo fino (además de las piedras que me sacaban de trayectoria). La frenada era buena con el sistema inteligente de Suzuki, pero hubiera preferido desconectar completamente el ABS. Aunque sin duda lo más demandante fueron los tramos donde pasaban los autos a velocidad y “molían” la tierra y dejaban una fina arena que hacía sentir que la Suzuki V-Strom 1000 XT era un barco que se movía para todos lados, algo que no hubiera pasado con llantas de tacos.

Todo esto pareciera una penuria, pero no lo fue, de hecho era divertido y no importaban las desmañanadas, poca alimentación ni el dolor en los músculos que para el sábado ya era mucho. Esto te hace sentir vivo, eso es el motociclismo, a veces padecer para sentirte vivo. Todo esto mientras la Suzuki V-Strom 1000 XT se hacía más mi compañera, ya podía sentir cada piedra del camino y reaccionar, también en gran parte por el gran trabajo de suspensión y chasis.

La potencia de aceleración en tierra los primeros días era dosificada por la adherencia de las llantas, pero con el tiempo era divertido arrancar derrapando y de paso escuchar el apoyo del público que se agolpa a ver los tramos; llegar a poblados con personas y sobre todo niños que se acercan a ver y tocar la moto te hace sentir especial. La Suzuki V-Strom 1000 XT nunca se cansó, pero yo sí, y eso me lo traje en el camino de regreso el domingo, lleno de recuerdos desde el primer rally que fui, encontrando ayuda donde menos la esperas.

El viaje para la Suzuki V-Strom 1000 XT fue una dura prueba de carretera, caminos complicados, terracería y piedras; para mí, uno de resistencia y reencuentro con mis raíces y conmigo mismo, y eso es lo que yo considero un verdadero viaje doble propósito. Así que anímense a subirse a una moto y sufrir un poco, las vivencias ganadas serán más reconfortantes que gastar mucho dinero en elementos de moda.

Texto y fotos: Ricardo Silverio

Especificaciones

Motor V2 de 1,000cc, enfriado por líquido

Potencia 100 HP y 76 lb-pie

Transmisión 6 velocidades, por cadena.

Suspensión Horquilla invertida y monoamortiguador Kayaba

Tanque 20 litros

Precio 244,990 pesos

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