09 May El viaje de Min, la libertad está en dos ruedas

¿Cuántas veces hemos escuchado historias de motociclistas? Esas en donde siempre se cuentan los escenarios, nuevas amistades y comidas; pero también el sufrimiento que puede ser rodar bajo un sol abrasador, con frío, hambre, sed o los temibles malos cálculos de autonomía de combustible y un largo etcétera. Esto último suele ahuyentar a las personas de las motos por creer que es un calvario, y bueno, sí lo puede llegar a ser, pero suelen ser experiencias enriquecedoras que se graban con cincel en nuestra memoria, por ello los motociclistas llegan a crear un fuerte vínculo con su máquina.

El destino nos hizo conocer a una persona muy especial durante la rodada mundial de Royal Enfield en México #RideAsOne: Sungmin Ahn. Min, para los cuates, tiene un nombre muy sencillo, todo lo contrario a su trayectoria en las dos ruedas, ya que llegó desde Corea del Sur para realizar una travesía inmensa: rodar  desde Ushuaia, Argentina, -el punto más al sur del continente- hasta Alaska, a bordo de su Royal Enfield Classic 500. Y por si esto fuera poco, hace unos años recorrió prácticamente toda Europa también en una moto.

La divertida charla con Min en su “inglés-coreano con toques de español”, nos dio más fuerza para seguir adelante en este mundo de las motos, contagiándonos de su fuerza y alegría por conocer, por rodar, pero sobre todo por ser libres.

Motorette – Min, lo típico, cuéntanos quién eres, ¿cuál es tu historia?

Min – Hola, vengo de Corea del Sur, tengo 36 años de edad, en mi país tengo un taller de zapatos hechos a mano para mujeres; vamos, no es lo que más me gusta, pero lo necesito para hacer dinero y pagar los viajes (risas). Me gustan mucho las motos y claro, viajar.

MMin, ¿este es tu primer viaje?

Min –  No, es el segundo ya que hace siete años crucé gran parte de Europa y Asia. Ahora estoy más preparado desde lo mental hasta lo económico ya que tengo ahorros, mi negocio en casa y soy embajador con imagen para National Geographic.

M¿En qué motocicleta lo hiciste y cómo fue?

Min – Fue en una moto con 125cc de mi país, que no es muy comercial. Aquel viaje no fue nada sencillo, porque yo era joven y tenía otra mentalidad, antes estaba dedicado al trabajo ejerciendo arquitectura y tuve que renunciar para hacer el viaje.

M¿Cómo planeaste este segundo viaje, simplemente te despertaste un día y pusiste la moto en un contenedor desde Corea del Sur a América?

Min – Pues fue algo así, realmente quería cruzar América en mi mente, así que luego de decidirme por la moto, llegué a Ushuaia, Argentina y de ahí a Alaska en un viaje que duró ocho meses.

M –  Comentas que te decidiste por una Royal Enfield, ¿por qué?

Min –  Hace unos años viajé a India y me enamoré de estas motos. Son bellas, poderosas, resistentes y además cuentan con una historia muy rica, una que goza de una adaptación sin igual a los tiempos modernos sin perder su legado. Además estoy seguro que para mi siguiente viaje repetiré una de estas motos.

M – En tu travesía, ¿qué países conociste con más tiempo?

Min –  Fueron muchos países y ciudades, pero creo que de los que tengo mayores recuerdos son: Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Guatemala y siempre viajando solo… bueno, la mayor parte del tiempo.

M – ¿Por qué comentas que “casi siempre solo”?

Min – Tengo a mi novia, que tuve una extraña forma de conocer, ya que resulta que también es de Corea del Sur pero la conocí en Bogotá, en un club de salsa. Yo no bailo nada, pero ese día me moví bastante. Ella en ocasiones hace vuelos directos y nos encontramos para estar juntos, aunque me tardé un poco en que se subiera a mi moto, recuerdo que fue en Cartagena. Obviamente fuimos a muchos lugares de Colombia pero también estuvo conmigo en México, en Mérida y San Cristóbal de las Casas.

M – Poniendo tus dos viajes sobre la mesa, ¿cuál es la diferencia entre ellos?

Min – Como les comentaba, en mi primer viaje mi vida era muy distinta, antes mi vida era dura, solo trabajo, estar en la casa, ver TV, descansar; es decir, una rutina, y ¿saben algo? odio la rutina. En ese tiempo no tenía ninguna libertad, era otro tipo de máquina, una aburrida. Por eso renuncié a mi trabajo y ese simple acto me encaminó a mi sensación de libertad.

Este segundo viaje, me es complicado explicarlo, es muy especial para mí. Quería algo nuevo, por ello pensé en América, salir de aquellas tierras y probar algo distinto ya que Rusia, por ejemplo, tiene una formación similar a Corea del Sur. Parece una broma, pero no lo es, y en América todo es distinto. Yo siempre he querido sentir otras culturas, música, comida y ver nuevos lugares.

M – ¿Cuáles son los lugares que más recuerdas de tu travesía?

Min – Creo que fue durante el inicio, algo diametralmente distinto a lo que conocía, ya que en la Patagonia me tocó “mucho frío en el invierno, pero mucho bonito” (sí, en español). Por otra parte, mis recuerdos no serían de un lugar si no fuera por la comida, como con los tacos. En Corea del Sur hay algo similar pero “no tacos” y yo aprendí mucho en México, ya que vivía en un error, nada de comer en restaurantes finos, los tacos son en la calle y ahí al probarlos solo cerré los ojos y dije “que buenos son”.

M – ¿Tuviste problemas serios en algún país?

Min – Sí, algunos inconvenientes, primero de carácter técnico y no por la moto sino por las circunstancias, ya que en Patagonia la nieve me hizo caer, nada grave pero las condiciones de manejo eran malas y la nieve me impidió cruzar la zona montañosa. En Colombia la arena me dejó atascado por unas cuatro horas en completa soledad, fue hasta que una persona se acercó y me ayudó a salir.

En Bolivia me persiguieron para asaltarme, si bien parecería una situación mala a mí me dio risa, ya que los asaltantes que me presumían sus cuchillos iban en scooter, por lo que solo aceleré, me metí entre coches y nunca los volví a ver. Además una constante en América Latina son los policías, eran un problema al pedir dinero constantemente.

En el cruce de Colombia para Panamá, tuve que poner la moto en un contenedor grande, ya que los de menor tamaño y más rápidos tuvieron un problema hace unos meses con un motociclista europeo que intentó llevar marihuana en su moto, por lo que se pusieron muy estrictos, así mi estadía por el Caribe no fue lo larga que hubiera querido.

M – En la rodada de Royal Enfield vimos tu moto llena de maletas, ¿Qué traes de equipaje? 

Min – Mi casa de campaña, bolsa de dormir, cámaras de foto y video, algo de ropa, y mis inseparables palillos con los que como todo… ¿tacos también? ¡¡¡NOOO!!!, tacos con las manos sucias.

M – ¿Cuál fue el propósito del viaje?

Min – esa es una pregunta recurrente y ¿sabes?, no hubo ningún propósito. Creo que mi lógica es muy simple, hay personas que ríen o lloran sin ningún motivo, y justo eso pasa conmigo, simplemente viajo. Mi familia me señala que tengo que pensar en el futuro, ahorrar dinero y todas esas cosas que implican la madurez en la sociedad, y entiendo su punto, pero eso no me hace feliz. Viajar sí, conocer, experimentar, eso para mí, es la única manera.

Para mí este viaje no tiene calendarios, es como me lleve el camino, decido cuándo acabe, no hay limitantes, ruedo solo y descanso en mi casa de campaña donde decida.

M – ¿Cuál será tu legado, qué quieres que diga tu lápida para la posteridad?

Min – Siempre quise ser un hombre libre, y traté serlo.

M – ¿Cómo animarías a las personas a salir a viajar en moto y dejar sus miedos?

Min – Si lo quieres hazlo, es muy simple, todos tenemos problemas o miedos. Por ejemplo, yo soy una persona pequeña y me gustaría ser más alto, esa es mi inseguridad por así decirlo, pero no me enfocaré en ello, ya que si lo hago nunca cambiaré, así que ya sea en la moto o en cualquier aspecto de tu vida, no lo pienses, solo hazlo.

Si quieres seguir las aventuras de Min (que hoy está en Canadá, mañana quién sabe) puedes hacerlo en:

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