08 Apr Royal Enfield Tour de Colombia 2019 (Parte 1)

Me declaro fan de Royal Enfield desde hace muchos años. De su historia, de sus motos clásicas y sobre todo, desde que mostró al mundo la Himalayan. Sí, la doble propósito de media cilindrada creada exclusivamente para la India pero que, por suerte, se ha convertido en un icono a nivel mundial gracias a su estilo y prestaciones. Por eso compré la mía, porque cuando la vi, me llenó los sentidos. Y es que al final son motocicletas honestas, pagas lo que en realidad te llevas; no hay asistencias electrónicas, modos de manejo o sistemas de válvulas que abren o cierran el paso del aire a la cámara de combustión. 

Desde su aparición, en 1901, Royal Enfield se ha caracterizado por construir motocicletas robustas. La Bullet es la más significativa, pues ha sido protagonista de guerras e invasiones; por otro lado la Classic, uno de los pilares de la marca; la Thunderbird, viajera por tradición; la Rumbler; la Continental GT, cuyo estilo Cafe Racer ha enamorado a muchos; la Interceptor, bicilíndrica que próximamente veremos en las calles de México; la TBX, más urbana; y ahora que las Twins están apareciendo, la marca ha puesto toda la carne al asador para convertirse en la reina de la media cilindrada. 

Soy un feliz dueño de una Himalayan, y es que a eso iba con toda esta introducción,  además de ser fan de RE, soy usuario y cuando recibí la invitación para asistir al Royal Enfield Tour de Colombia 2019, esa cercanía que de por sí ya tienes al ser un cliente de una marca,  se convierte en pertenencia; lo respiras, lo haces tuyo. Fueron nueve días de Tour y tres de entrevistas en distintos medios de comunicación en Colombia. Como periodista y cliente, ¿qué más se puede pedir? Definitivamente, nada.

Mi travesía inició en Medellín, después de tomar tres aviones y dormir poco.  Jamás imaginé que la aventura de explorar Colombia fuera de tales dimensiones, ya que cruzar ocho departamentos, poco más de 1,600 kilómetros, y la emoción de probar uno de los mejores cafés del mundo, robaron mi atención más que concentrarme en la rodada. Y además, cuando recibes una agenda previa que te dice que las temperaturas rondarán los 28 grados, que hay “posibilidades” de lluvia y que conocerás lugares maravillosos, no piensas en nada más que en pasártela bien. Por ello el primer día fue una clara muestra de lo que nos esperaba… 170 kilómetros de los cuales, 70 fueron de terracería, polvo, calores extremos y una ruta demandante, llena de acción no apta para principiantes. He aquí mi experiencia, una de las más memorables de mi vida.

Día 1: Medellín a Urrao (170km)

Vaya que es hermosa la ciudad de Medellín… construida en las montañas de Antioquia, con mucha vegetación y poca gente. No había mejor lugar para darnos la salida. Lástima que estuve poco tiempo. Después del brief y las fotos oficiales, tomamos carreteras principales con muchas obras, luego secundarias. Aquí las motos estaban muy limpias, los ánimos al 200%, la conducción muy básica y con paisajes siempre verdes, enormes valles llenos de vegetación, autos, camiones, motocicletas y gente muy amable. La Himalayan Euro4 -con frenos ABS e inyección electrónica- que me entregaron, apenas con 13 kilómetros, no se imaginaba la ruta que le esperaba. Llegó la hora del almuerzo en Santa Fe de Antioquia, un pintoresco pueblo que según me contaron, alguna vez fue la capital de Antioquia y que para llegar, cruzamos el primer puente colgante de la travesía. Ahí conocí la bandeja paisa, la primera fue con pollo para no aventurarme tanto y una refrescante agua panela fría, ya que estábamos a 37 grados. Terminé con un tinto (café) ya que Juan Pablo, nuestro guía, amenazaba con que habría descampado (terracería) y no quería que me diera sueño. Sin embargo, jamás imaginé que fuera tanto. 70 kilómetros de piedras, arena y polvo que nos bañaba hasta quedar empanizados. Mientras manejaba en aquellas rutas pensaba: “si así está el primer día, ¿cómo vendrá lo que sigue?” Y efectivamente, la aventura apenas comenzaba…

Día 2: Urrao a Salamina (250km)

Comenzamos el día en un hotel/hacienda muy acogedor. Mi compañero de cuarto fue el famoso Luis Guillermo Muñoz “Mono”, Director de @EnMotoCo y gran amigo después de este viaje. Pero de eso se tratan las motos, de viajar y hacer amigos. Para su mala suerte, debido a mis ronquidos no pudo dormir y lo peor, a los pocos kilómetros de partir, la llanta trasera de su Himalayan sufrió una pinchadura, lo que nos dejaría varados durante poco más de una hora mientras el resto del grupo se adelantaba al almuerzo. Con él nos quedamos Camilo, Cata, Mauro y yo, y he de confesar, que después de reparada la llanta, teníamos que apurarnos para alcanzar al resto, por ello pude exigirle a la Himalayan y fue en este momento, durante este trayecto, que me enamoré por completo de sus capacidades. Curva tras curva en carreteras de doble sentido, curvas con tierra y en mal estado, subidas y bajadas que nos hicieron llevar la motocicleta al límite. Acelera, cambia de velocidad, frena, baja dos marchas, acuesta la moto, saca el cuerpo, vuelve a frenar… solamente escuchábamos los paradores centrales rozando con el pavimento mientras nos inclinábamos. Montañas, cafetales, caminitos ¡Qué experiencia! Ya en el almuerzo seguimos con la bandeja paisa, ahora con carne de cerdo. Y es que después de sudar por tanto tiempo, unos buenos frijoles, arroz, carne y arepa con su respectiva agua panela bien fría, sabían a gloria. Por la tarde llegamos a nuestro hotel en Salamina, de ahí salimos a tomar una cerveza y aquello se convertiría en una fiesta de karaoke, baile, pizza y buenas amistades.

Día 3: Salamina a Santa Rosa de Cabal (130km)

Este día fue uno de los más técnicos y divertidos de la travesía, ya que comenzaron las lluvias y los caminos en verdad difíciles. Lo mejor era la interacción de todos los participantes, cada vez más acoplados y abiertos para platicar. Continuaron las curvas, esas jamás se acabaron… pero aquí el factor lluvia, luego neblina densa, el lodo y las carreteras en mal estado le pusieron ese toque de sabor a la travesía. Hoy sacamos los impermeables y nuestras botas se llenaron de agua y lodo debido a los charcos que cruzamos. El almuerzo lo hicimos en una finca con juegos para niños, rodeada de vegetación y una humedad impresionante. Aquí probé el Ajiaco y la bandeja paisa fue con carne de res, además de acostarme en el pasto a descansar después de un litro de agua panela fría que me cayó como anillo al dedo para bajar el calor. Tres días de viaje con sol, lluvia, y demás factores comenzaban a cobrar factura. El camino final a las aguas termales de San Vicente fue de llovizna ligera y terracería. Subidas y bajadas de lodo y piedras entre la neblina del bosque. Ya en el hotel todo fue relajación. Unos se dieron masajes, otros solo platicamos en las piscinas. Hasta ahora todo va de maravilla, este Royal Enfield Tour de Colombia 2019 se está convirtiendo en una de las mejores experiencias de mi vida. Mañana vamos al famoso Lago Calima… se vienen más y mejores aventuras.

Día 4: Santa Rosa de Cabal a Lago Calima (270km)

Sin duda uno de los días más largos por la cantidad de kilómetros pero que más disfruté de manejar. Salimos del frío y la lluvia para quemarnos con el sol que nos acompañaría hasta el lago Calima. Unas horas más tarde de iniciar el viaje, llegamos a Filandia, en el eje cafetero y obviamente, nos tomamos un café con pan de yuca. Aquella combinación fue espectacular y sin duda, uno de mis recuerdos más gratos de Colombia. Ahí en Filandia nos cruzamos con otro tour de motociclistas norteamericanos. No cabe duda que las motos borran las fronteras y convierten en amigos a las personas. Continuamos el camino hasta llegar al río Cauca, el segundo más importante de Colombia y que cruza las cordilleras central y occidental.  Así de “clarito” me lo explicó el parce Juan Carlos Londoño, Editor en jefe de la revista Publimotos. Que además fue quien me introdujo a la gastronomía colombiana en cada parada que hacíamos, así que probé de todo gracias a él. Cruzamos el río Cauca en un ferry que está ahí desde hace casi 100 años y funciona a base de poleas, no hay motor. Impresionante cómo una persona gira poleas, mueve palancas y varias toneladas de peso se mueven rápidamente rompiendo el caudal. Continuamos manejando en caminos secundarios y autopistas hasta llegar al lago Calima, un paisaje impresionante que nos mostraba las nubes a nuestros pies en medio de las montañas. ¡Qué lugar! Aquí llegaríamos a descansar y a hacer piruetas con las motos en la orilla del lago.  Para este día, el “Mono” seguiría sin dormir debido a mis ronquidos.

Fotos: Jahn Arias

Video: Seven.clicks

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